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Las piernas nos llevarán a correr por lugares privilegiados, pero la mente nos llevará a sitios inimaginables. Si te gusta correr y te apasiona la montaña, este es tu sitio de lectura.

viernes, 27 de julio de 2012

Ultra Trail du Mont Blanc

UTMB 2011                                                                    Película: UTMB_2011
Siempre he pensado que escribir las crónicas es un trabajo difícil y arriesgado. Lo de difícil es porque no tengo mucha pericia en esto de la semántica, y arriesgado porque si pasa tiempo la pereza crece y crece hasta límites insospechados. Escribir en caliente hace que las hipérboles y las exageraciones sean de un tamaño inimaginable y más en este tipo de aventuras.Así que pasado un tiempo prudente y después de haber digerido con gusto este gran reto, os voy a explicar sin alargarme mucho (al menos lo voy a intentar) cómo fue la carrera por los Alpes.
Como vengo diciendo, el Ultra Trail del Montblanc está considerado como la carrera de las carreras, la meca de los ultrafondistas, la máxima ilusión del que disfruta corriendo en la montaña, trotando entre ríos, aire fresco y sintiéndose en libertad. Fueron 3 países, 170km y 19.400m de desnivel acumulado. 
 De esta manera y como os he ido comentando en mi blog, tras un tiempo entrenando y corriendo (hay que pensar que este proyecto me ha llevado casi cuatro años de entrenos y competiciones) llegó el gran día de hacer las maletas y poner rumbo hacia el paraíso de roca, nieve y hielo que tenemos en los Alpes: el Mont-Blanc.
Le Mer de Glace
Berta, Marina y yo decidimos ir unos días antes para hacer vacaciones en familia y aclimatar cuerpo y mente, así que el 17 de agosto pusimos rumbo a Chamonix. Nos alojamos en un apartamento precioso en Argentière, apartados del bullicio de la ciudad para evitar más nervios, ruido y alboroto, optando por buscar un poco de tranquilidad al igual que hacen los futbolistas antes de un gran partido. Los días previos a la carrera hicimos excursiones como las de cualquier familia con niños, es decir, teleféricos, caminatas de un día, comidas en refugios, visitas a valles, glaciares… y por la tarde, al llegar a casa y mientras la mami Berta acicalaba a la peque con sus baños y sus meriendas, yo volvía a salir al monte a trotar. Trataba de hacer desniveles positivos entre 600 - 900 m. (alguna vez llegué a 1100) pero siempre suave e intentando llegar sobre los 2000 m. de altitud, para habituar los músculos a trabajar con menos oxígeno del que estaban acostumbrados. De esta manera fueron pasando los días y llegando los nervios.


Xavier i Montserrat
En Chamonix nos encontramos con una familia de la que somos amigos hace tiempo: "Los Saragossa". Jordi y su pareja Ariadna, que fue el fotógrafo del equipo Salomon (todas las fotos que veis en la web de Salomon sobre el UTMB son suyas, es un crack!!!), Albert, amante de la montaña como yo con quien pude compartir algún entrenamiento alpino y sus padres, Xavier y Montse, unas personas entrañables y fantásticas. Todos ellos me animaron y dieron ese apoyo que todo corredor necesita ante tal gesta.

Dejando la bolsa
No tardó en llegar el día "D" y el 26 de agosto amaneció con un cielo plagado de nubes que no tardaron en regar el paisaje de menos a más. Os podéis imaginar la cara que teníamos todos al intuir que correríamos mojados. La idea de aplazamientos en los horarios e incluso cancelación de la carrera por la organización, como había ocurrido el año anterior, resonaba en nuestras cabezas. A las cinco de la tarde, hora y media antes de salida prevista, decidimos ir, bajo una incesante lluvia, a dejar la bolsa de enseres de recambio que la organización nos entregaría a mitad de carrera en Courmayeur (Italia). Allí me presenté yo "como un pincelito", con mi ropaje de ultratrailer ataviado con múltiples cachivaches; dejé la bolsa y esperé junto con mi equipo de animadoras, resguardados de una lluvia que no parecía querer dar tregua. De pronto nos encontramos con unos amigos de Castellón, Ana y Diego, quienes nos dicen:  "Hombre Víctor ¿dónde vas vestido así?".  Nos explicaron que se había retrasado la salida cinco horas por mal tiempo y que de esta manera la organización preveía que el primer puerto que debíamos pasar a las 2 de la madrugada, lo haríamos con  mejor tiempo sobre las 7, con la claridad del día, evitando así muchos abandonos y lesiones por caídas o resbalones. Es lo que tiene estar aislado del bullicio, que no te enteras de los cambios de última hora (claro, la organización tan sólo avisó a los corredores franceses a través de sms, al parecer enviar uno a los corredores extranjeros podía suponer graves pérdidas en los ingresos de una carrera cuya inscripción cuesta la friolera de 150 eurazos. Tela!).

Salida
A la segunda va la vencida, y a las 23.30 me encontraba con Berta, Marina y 2.300 participantes más bajo el arco de salida, con una lluvia constante que no tardó en convertir mis "pedazo-zapatillas" en unas simples "bambas mojadas": -...y eso que aún no hemos empezado.... Berta, de fondo, canturreaba: -…no estamos locos, sabemos lo que queremos… Sabíamos a lo que íbamos y habíamos entrenado mucho y durante mucho tiempo. Nadie nos iba a regalar nada y la montaña, o mejor dicho, la alta montaña tiene estas cosas, impone sus reglas y juega a su antojo. Nosotros sólo éramos simples hormiguitas sobre sus inmensas laderas y el panorama alpino decidió que no nos lo iba a poner fácil.
En medio del nerviosismo y muchas caras serias de concentración y meditación empezó a sonar la canción principal de la banda sonora de "1492 la conquista del paraíso" de Vangelis, tema adoptado por la organización como himno de la carrera. La emoción se adueñó de todos y cada uno de los que allí estábamos. Con los pelos de punta empecé a acordarme de mucha gente que me había apoyado para poder estar allí, de todas esas renuncias que había tenido que hacer para conseguir ese sueño, horas de entreno, madrugones montañiles, salidas  a correr después del trabajo….el miedo me trajo la temida frase: "debía haber entrenado un poco más, esto va a ser una escabechina...". A punto de salir, le di un último a beso a Berta (no sé cuantos llevaba ya, pero los nervios solo me permitían despedirme una y otra vez), le di otro a Marina y les dije que las quería, y que gracias a ellas estaba allí, entre los mejores trailers del mundo. Intenté escabullirme entre la multitud y desaparecí sabiendo que hasta dentro de 80km no las volvería a ver. La multitud truncó mi intento por avanzar posiciones de salida y decidí quedarme en la parte de atrás.

Había visto videos de años anteriores, me habían comentado muchas cosas, pero hay que estar allí para saber lo que se siente. No me puse a llorar porque era mejor guardarse las lágrimas para no deshidratarse, seguro que luego las necesitaría, pero os puedo asegurar que fue la salida más emocionante que he realizado en una competición. La gente aplaudía como si fuéramos héroes, gritaban, tocaban los cencerros, ollas, cacerolas; salir del pueblo fue todo un espectáculo.

Ya estábamos en ruta y la lluvia no presentaba tregua. Los parones por embotellamientos se iban sucediendo y la gente nerviosa intentaba adelantar entre resbalones y tropezones. De vez en cuando mis pies se sumergían en algún charco pero continuaba corriendo como si llevara calcetines nuevos. Antes de salir me confeccioné un chubasquero para la mochila con una bolsa de basura, pensando que iría mejor que ese "cover-rain" que viene de serie (que con lluvia persistente acaba mojando igualmente) y la verdad es que funcionó a las mil maravillas: cutre pero efectivo.
A las 2h:20min de carrera estaba sobre la posición 1834 y con 21 km recorridos; la gente ya no hablaba pero la animación por los pueblos era ejemplar, pese a que era la 1:50 h de la madrugada, ahí seguían animando y animando. Pasamos los primeros controles y al llegar a la Balme en el 40 km iniciamos nuestro primer cuello importante. Me encontraba en la séptima  hora de carrera con un desnivel positivo realizado de 2100 metros y en la posición 1686. La noche empezaba a desvanecerse y el día anunciaba que por fin la lluvia había terminado.
Los kilómetros iban pasando y mi cabeza estaba bien, los pies se iban secando y mojando de manera intermitente (inciso publicitario:  me he dado cuenta que mis Salomon XT wings son una maravilla, tienen un secado muy rápido del pié y vale la pena llevar unas buenas zapatillas, no tenía ningún dolor de nada: ni rodillas, ni tobillos, ni calambres en las piernas). Supongo que el frío me fue bien, con las temperaturas de 4ºC en los pueblos y por debajo de 0ºC en cotas superiores a los 1700 m. me sentía muy despierto, con los sentidos bien puestos en la carrera. Veía gente que le pasaba todo lo contrario, muy tapada, muchos tiritones, gente con ropa demasiado mojada para esas temperaturas. Vi algunas hipotermias y sobre todo deshidrataciones. Al hacer frio y estar mojado no sabias si era por el sudor o la lluvia, si tenias sed o no. En estas situaciones la sensación de frio te anula la percepción de sed y la montaña se empezó a cobrar sus primeras víctimas, corredores con calambres por falta de sales minerales, por falta de hidratación constante durante los 40 km recorridos.

Aunque en "la Balme" pintaba el asunto un poco dantesco (hay que pensar que iba en la posición 1686, es decir, casi por la cola y con los rezagados, a solo 45min del cierre de los controles) ver a la gente tocada me animaba .Por suerte a mí no me dolía nada, estaba muy motivado, tenía ganas de seguir subiendo y de comerme los kilómetros, así que, como había hecho en los controles anteriores, no paré mucho, de 5 a 7 minutos para comer fruta, beber sales minerales, tomar un reconfortante caldito y rellenar bidones de agua. Y a correr!!! 
Durante la carrera Berta iba recibiendo mis tiempos de paso por los controles a través de sms, un servicio ofrecido por la organización que aconsejo a todo el mundo. De esta manera, pese al completo cambio de horarios provocado por el retraso de la salida, podía organizarse para verme pasar por algún punto del recorrido. No lo he comentado aún, pero en una carrera donde la cabeza supone el elemento fundamental que determina el que llegues o no a meta, el soporte moral y anímico es vital y el saber que tenía a Berta y Marina conmigo hacía que tuviera ilusión por llegar a los controles, para verlas y explicarles de viva voz como lo estaba pasando. Aunque no sería hasta Courmayeur donde nos veríamos por primera vez.
video

El día 27 de agosto recibimos un gélido y nevado amanecer sobre el "Col de la Seigne" a 2.516 m. de altitud, transcurridas 12h de carrera, desnivel positivo de 3900 m. y en la posición 1253. Berta me hizo una llamada para desearme los buenos días y darme el parte de carrera en cuanto a mi notable avance en las posiciones, informándome que iba dentro de los tiempos previstos para realizar mi proyecto de UTMB en 40h y que me esperaba ansiosa en Courmayeur.

Su llamada me sentó como un buen zumo de naranja a primera hora de la mañana, ese que te da energía para enfrentarte a lo que tenga que venir. Seguí disfrutando del frio y de las dificultades que me ponía la montaña. El barro no nos daba tregua y obligaba a vigilar de cerca dónde pisabas, tratando de estabilizar el paso con los bastones y evitar el temido resbalón que podía transportarte con lesión incluida directamente a la casilla de salida. Comenzaba a ver gente que se retiraba, y era en estas situaciones cuando el cansancio y el dolor del prójimo me hacia crecer más y más. Con la sonrisa en mi cara por haber escuchado a Berta, mis piernas empezaron a dar las zancadas cada vez más largas, las bajadas eran más alegres, me sentía como las cabras por el monte y no notaba cansancio alguno en mi cuerpo. Esto también me hacía pensar : - bueno Víctor y...¿cuando piensas petar? en algún momento tu cuerpo va a decir basta!..." pero enseguida me quitaba esa mala idea y continuaba corriendo y corriendo.

La mochila de mi hermano Juan Luis, el camelback de Berta y los inventillos que me había hecho para la hidratación fueron funcionando, de esta manera  y con una bajada vertiginosa acompañado de un corredor francés, hice 1800 metros de descenso en 1:30 h, un poco bestia para los 77km que ya llevábamos en las piernas. Pero... ¡es que me sentía genial! y lo más importante es que iba a ver a mis "supporters" y les podría explicar lo bien que lo estaba pasando.
Courmayeur, 77km
Ya estaba en Courmayeur, posición 994, por debajo del millar y habiendo adelantado unos 800 corredores desde mi salida en Chamonix. Este era el punto de inflexión para muchos participantes, situado casi en mitad de carrera, lugar apropiado para tomar decisiones importantes. Algunos corredores antes de hacer la UTMB hacen la CCC, otra modalidad de 100km que empieza en este mismo lugar y finaliza en Chamonix. Es aquí donde muchas de estas personas piensan: - ¿aún me queda hacer 100km?, y el cansancio o el dolor les hacen abandonar. Yo opté por cambiar mi vestimenta por la que dejé preparada y que la organización me había traído hasta aquí y salir triunfante hacia la segunda parte de carrera camino a Chamonix. Un detalle que recuerdo es que de nuevo olía bien. Me cambio de zapatillas y me pongo las Salomon lab-3. Este cambio de zapatillas lo realicé al pensar que con las llevaba había recorrido 80km y la amortiguación la tendría muy chafada, y que con unas nuevas, mis rodillas y pies lo iban a agradecer. Me senté en una mesa, como bien, como pasta y fruta, bebo coca cola, me hidrato bien, el estómago lo llevaba en condiciones, camiseta limpia, etc. y salí de la zona de solo corredores para ver a Berta descansar un poco, charlar y comer junto a ella. Esta fue una parada donde debía descansar bien, iba a ser la última parada larga que iba a realizar hasta intentar llegar a meta. Estoy entre 30- 40min con ella, y después de abrazarnos decirnos no sé cuantas veces que era genial estar ahí salí al trote con la cabeza bien despierta, el cuerpo bien en forma y la sonrisa bien grande.

Refugio Bonatti y Bertone
 Cuando salí de Coumayeur, sabía que el resto del día iba a ser duro. En la parte italiana el clima había mejorado, ya no llovía, el sol parecía querer acompañarnos durante esta parte del trayecto y con 16h:30 min de carrera me restaban entorno a  90km y 6000m desnivel positivo. El paisaje del valle italiano es una preciosidad, los refugios de Bertone y Bonatti se encuentran a la misma altitud y de esta manera, sobre los 2000m ,pude hacer una carrera continua y sin muchos altibajos. Los colores que tomaban las montañas del macizo iban cambiando a medida que avanzaba el día, con una puesta de sol espectacular donde las cumbres que sobresalían por encima de  los 4000m trataban de no dejar escapar el sol para poder mantener un increíble color anaranjado.

De repente sonó el móvil y Berta me sorprende con la noticia de que me espera en el refugio de Arnuva. Inmediatamente se activó algún motor interno poniendo mis piernas a toda máquina. Bajando por la ladera de la montaña hacia Arnuva podía escuchar a lo lejos sus ánimos: -¡¡venga Víctor, vengaaaa!! y todo el coro que tenía a su lado gritaba mi nombre :- Víiiíííctor, Vííííííctor... A día de hoy aún se me pone la carne de gallina al recordarlo. Desciendo lo más rápido posible y al encontrarme con ella intercambiamos cuatro palabritas, dos fotos y un fuerte abrazo cargado de energía; no debía entretenerme mucho más. Antes de salir, vuelve a ponerme al corriente de mis datos de carrera:  posición 700, 19:30 h de carrera y 95km en las piernas.

video


Soledad y puesta de sol-Col Ferret
 Un punto clave quedaba por pasar, el Col Ferret 2537m, que es el cuello que nos daba paso al tercer país: Suiza. Antes de salir, la organización me obliga a ponerme ropa de abrigo, "desaconsejándome" salir en pantalón corto y camiseta (tuvieron razón y arriba hizo un frio polar). Era importante pasar el cuello antes de que anocheciera, evitando así temperaturas más bajas. Ver el trozo que te queda por subir ayuda en algunos casos a esforzarse más que si no sabes si queda mucho o poco, lo que puede convertir la subida  en un recorrido interminable. En mi caso, ver el camino me ayudó a dosificar las fuerzas y llegar no muy tocado arriba para poder afrontar la bajada y ganar tiempo al cronómetro. Los 800m de desnivel entraron en 1h:40m y ya con los pies en la tierra de los quesos (suizos, claro) me dispuse a afrontar mi segunda noche sin dormir.

Como ya he comentado antes, la montaña no solo impuso sus reglas, sino que hizo que la organización, a causa de un movimiento de tierras, modificara el recorrido añadiendo 3km más y 400m D+ , evitando así pasar por la localidad de Bovine y eliminando el paso por la Flégère. A cambio nos entregaron una vertiginosa bajada de 1000 m a la ciudad suiza de Martigny para luego ascenderlos hasta el cuello de Forclaz. Y en aquel punto, tras la tortura mental que supuso conocer una variación de itinerario tan desmedida, la noche se hizo presente.Y con ella la soledad del ultrafondista, nunca hasta este momento evidenciándose de forma tan palpable.

A estas alturas de carrera había conseguido dar caza a los corredores de mi nivel, cada vez eran menos los retirados y quedaban pocos grupos corriendo. Pululábamos desperdigados por la montaña, la oscuridad hacía que me encerrara en mí mismo y empezara hablar con mi cuerpo y con mi mente. Me concentré en mí y solo en mí. Es cuando esa soledad del ultrafondista se hizo real. No ves a nadie delante y nadie te sigue. Vas de marca en marca por la senda trazada, proponiéndote pequeñas metas para darte premios mentales que te lleven a por el siguiente reto. Así fui engañando a mi cabeza y  mi cansancio y fui superando una segunda noche sin dormir. 
Las caras en los controles empezaban a ser conocidas, aunque mi escasa fluidez con los  dos idiomas "oficiales" (inglés y francés) no ayudaban a mantener conversaciones con las que evadirme de mis pensamientos. Son momentos duros donde vuelvo a ponerse a prueba la resistencia mental, dedicando todos los esfuerzos a repetirme una y otra vez que vale la pena, que puedo con ello, que voy a llegar.  
Había pasado la barrera de los 110km y me encontraba en "La Fouly" con 23h de carrera en posición 548. Iba una hora por debajo de mis previsiones y empecé a pensar en dormir durante ese margen de tiempo, pero la escasez de mantas y colchones en los controles (los corredores retirados, en estado lamentable, se metían a dormir ocupando las plazas disponibles). A base de geles con cafeína, Coca-Colas y caldo caliente  hiper-reconfortante me animé a seguir la odisea. Una vez más, Berta me deseaba un "buenas noches" acompañado de las noticias más frescas : en 13km, entre control y control, había llegado a Champex-Lac, punto situado en el kilómetro123 y había adelantado 120 personas posicionándome en el 426 de la general. La buena nueva me animó hasta tal punto que empecé a tener claro que podría llegar a la meta. Y seguía sin dolores, sin molestias, sin heridas en los pies, aunque con un leve problema de sueño.
Bajamos a Martigny y en la subida al cuello de Forclaz "el hombre del mazo" hizo su aparición. Pasé unas tres horas de agonía donde mi cuerpo fue consciente de que llevaba dos días corriendo sin dormir. El amanecer acentuó mi cansancio y la subida de 1000 metros de desnivel positivo se me hizo interminable. Deambulé durante algunos pasos dormido, desviándome intermitentemente de la senda.
La música de mis auriculares me ayudó a recobrar el ánimo, las canciones con las que entreno me transportaron a todo el esfuerzo realizado anteriormente, a recordar a la gente que más quiero, a imaginar la ilusión que sentirían mis padres si me vieran, la ilusión que había puesto Berta en esta aventura y los mensajes de ánimo que me enviaban al móvil los Saragossa. Decidí sentarme a mitad de la subida, comer una barrita de cereales, tomar una glucosa para la cabeza y volver a coger fuerzas releyendo algunos mensajes del móvil como los de mi hermano Juan Luis. Después de un par de minutos me levanté y me dije: -a esta subida me la meriendo yo!. Noté que volvían a aparecer las fuerzas. Fue entonces cuando el sol, levantándose por encima de mi cabeza anunciaba al  mortífero puerto de Forclaz que un corredor más le había derrotado. 

video

Trient: 8:00 a.m., kilómetro 140, posición 321 de la general, segunda noche superada. La retirada masiva en esta localidad me había hecho ganar 100 posiciones y de nuevo los buenos datos de carrera y las ganas de reencontrarme con Berta y Marina al amanecer me hicieron correr hacia Vallorcine como si allí estuviera mi primera meta. 
La idea de llegar a Chamonix estaba cerca de convertirse en realidad pero a la vez, cada kilómetros a recorrer requería un esfuerzo sobrehumano. En el control de Vallorcine, kilómetro 150, volvían a tirar de mí los gritos de -"Venga Víctor!, venga!!".La gente me aplaudía a mí, a Víctor; coreaban mi nombre (impreso en el dorsal), los niños alargaban sus manos buscando ese choque de complicidad con cada "superviviente" que lograba llegar al control. Y como si de un sueño se tratara, todo empezaba a tener un color de rosa inimaginable para mí hasta entonces. Como decían algunos: - esto es mejor que el tour de Francia. Mientras, la gente se amontonaba formando un pasillo humano y aplaudiendo sin cesar. Fue realmente impresionante.

Aprovechando que los siguientes kilómetros de carrera transcurrían en paralelo a la carretera, Berta decidió que me seguiría con el coche por los siguientes pueblos, lo cual me dio fuerzas renovadoras para continuar. Restaban 20km para el final y un desnivel sobre los 600m+.  
Comencé a sentir un dolor de periostitis tibial que me hizo cojear un poco y hacer mal la pisada, pero ¿qué esperaba, con 150km a mis espaldas?, era lo mínimo que me podía pasar a estas alturas... Hice unos subes y bajas por un camino que transcurría cerca de la carretera pero la fuerza de la gente animando durante el recorrido y los coches pitando me llevaron sin darme cuenta a la localidad de Argentière, nuestra ciudad adoptiva durante la estancia en los Alpes.
Recordaré la llegada a este control por mi entrada en solitario y el recibimiento de todos los voluntarios aplaudiéndome al unísono: consiguieron hacerme sentir que algo grande estaba a punto de pasar, lo que me produjo alguna lagrimilla interna que hoy en día me sigue emocionando.

Berta se despide diciéndome que me espera en la meta, de la que tan sólo me separan 8km de disfrute y dedicación a mí mismo. Salgo de Argentiere con ganas de pisar Chamonix, camino conocido que me aporta enorme confianza y bienestar. A medida que me iba acercando, el bullicio iba siendo cada vez más intenso, de golpe y porrazo una desviación a izquierda me hizo bajar en picado a Chamonix haciendo mi sueño realidad y soltando con la mayor de las ilusiones la frase tan cursi de: - Chamonix mon amour!!!. 
El público me animaba, hacían pasillo y me iban abriendo camino mientras avanzaba, podía escuchar la música en la meta y los sentimientos iban recobrando cada vez más intensidad. 
No puedo expresar con palabras lo que sentí en los metros finales, donde me esperaba Ariadna, la novia de Jordi, para inmortalizar con su cámara de video la triunfal llegada. Pronto vi la enorme sonrisa de Berta con  Marina en brazos esperando para entrar conmigo en meta. Son muchos los sentimientos puestos en esos momentos: un proyecto iniciado con mi hermano a punto de ser completado, un proyecto que empecé con Berta y lo he podido materializar y un proyecto que empecé conmigo mismo y he podido superar.
Entrada a meta.
Crucé la meta aproximadamente a las 14:30 del domingo 27 de agosto, en la posición 312 con un tiempo de 38h:08min., superando con creces mis mejores expectativas y acompañado de mi mujer y mi hija.  
Como guinda de un dulce y sabroso pastel, Jordi tenía una sorpresa guardada a mi llegada, que era conocer a Kilian Jornet, el ganador de la UTMB de este año y de los dos anteriores (solo me sacó 17h, je,je,je) con el cual pudimos comentar un poco la carrera y hacernos algunas fotos. Él dice que cuando ve llegar a los últimos corredores con lágrimas en los ojos piensa:  ¡¡¡Qué cabrón, este si que ha ganado!!!... 
...no importa el tiempo, no importa la posición, lo realmente importante es que tras haber superado todos los límites, con lágrimas en los ojos, hoy sí que he ganado. 
Con Kilian y mi equipo de soporte moral.
Pues solo me queda daros las gracias por seguir este foro, y a todos los que me habéis animado, gracias porque sin vosotros esto no habría sido posible
...a Berta y a mis padres.






PD: La película de la carrera: Pelicula UTMB_2011
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